La tecnología está robando nuestros recuerdos. Y los profesionales del vídeo y la fotografía de bodas vivimos precisamente de eso. De construir la memoria visual de nuestros clientes. No quiero ponerme apocalíptico. Pero sólo hay que darse una vuelta por Instagram para darse cuenta de que el talento visual no está reservado a los profesionales, porque los avances tecnológicos han democratizado el hecho de hacer ‘fotos bonitas’ y, queramos o no, esa ha dejado de ser nuestra competición. El éxito inmediato y el impacto directo en redes sociales es necesario para tener visibilidad. Pero lo que debe identificarnos es ese sexto sentido que nos hace descifrar qué imágenes son imprescindibles para componer un reportaje. Y no existe mejor marketing directo entre dos personas que una historia bien contada.

La apuesta definitiva por el libro editorial

¡A por el libro editorial de bodas! Es el último grito que he dado en mi blog. Una entrada en la que comparto uno de mis libros para que se pueda entender mejor cómo yo hago lo que hago. Porque el papel es probablemente el futuro de nuestra profesión. La fórmula para recuperar la iniciativa que estamos perdiendo. Debemos reivindicar nuestro rol como reporteros, más allá de la figura del artista que estamos empeñados en representar. Somos cuenta-historias, por el simple hecho de que no nos contratan para deslumbrar a través de redes sociales, ni siquiera para acumular una decena de fotos espectaculares que funcionen como elemento decorativo. Nos contratan para inmortalizar una boda, para componer una historia y para que esa historia sobreviva al paso de los años a través de una narrativa y un ritmo apropiados.

Los recursos ilimitados del audiovisual

Hace años que cuento historias a través de mis libros y de mis slideshows. Aunque la apuesta no es gratuita. Ahora construyo mis reportajes de una manera que me distancia de lo que impera en mi sector. Apenas le dedico diez minutos a ‘los posados’, y me centro en capturar recuerdos a lo largo de todo el día, de forma metódica y eficiente. Tengo la certeza de que no podemos aguantar por mucho más tiempo esa competición que nos exige deslumbrar de forma inmediata cada semana, con imágenes impactantes que nos permitan tener al menos tantos megusta como el traveler que nos inspira, o tantos corazoncitos como la influencer que ni siquiera nos influencia. Nuestra labor es otra. No competimos con la inmediatez con la que casi cada invitado de una boda lanza sus fotografías al ciberespacio. Debemos aceptar que no podemos tener el monopolio del archivo visual de nuestros eventos.

Apenas le dedico diez minutos a ‘los posados’

Cada vez hay más cámaras digitales por metro cuadrado, y cada vez esas cámaras hacen mejores fotos. Así que la ecuación es sencilla. Tenemos que hacer algo distinto. Y competir con otras armas. Si me preguntaran a mí lo tendría claro. Insisto. Tenemos que apostar por las historias. Formarnos para ello. Aprender a hacerlo cada vez mejor, a través de reportajes con ritmo, de libros con narrativa o de los recursos ilimitados que nos ofrece el mundo audiovisual. Centrarnos en la puesta en valor de nuestras imágenes. Reflexionar. Ser creativos. Dinámicos. Generosos. Humildes. Pacientes. Aceptar de una vez por todas que somos reporteros. Artesanos de la memoria. Y ser felices. Y vivir. Porque si pasamos más tiempo fingiendo algo que no somos acabaremos siendo, simplemente, lo que fingimos ser.

mariscalariza*, fotografo de bodas en Cádiz y miembro de UnionWep.



Me han robado fotos

¿Te han robado alguna vez una foto de tu blog o web? ¿una boda completa de tu portfolio? texto de aviso para que lo envíes al “artista”