Este artículo llevaba fraguando varios días en mi cuaderno, a partir de apuntes, de experiencias que me iban viniendo a la memoria, de cosas a las que, curiosamente, se han ido sumando las vivencias de otras personas para intentar, con todo ello, escribir sobre un tema con el que la gran mayoría de fotógrafos nos sentimos identificados.

Esta tarde escuchaba decir a varios fotógrafos de los 80′ cómo las editoriales no solían pagar por publicar sus trabajos en aquella época. Algo que me ha hecho echar más leña al fuego en mi planteamiento de hasta dónde podemos dejarnos vapulear por aquellos que nos piden nuestro trabajo a cambio de favores, ya sea en forma de publicidad o haciéndolo de forma desinteresada por nuestra parte.

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©F2 Studio

Desconozco porqué nuestra profesión no se valora totalmente en términos económicos. Cuando a alguien se le estropea la lavadora tiene dos opciones, intentar arreglarla por él mismo y que termine calando al piso de abajo o llamar a un profesional al cual es obvio que tiene que pagarle. Sin embargo con la fotografía, en determinados sectores, se producen desajustes en esa cadena de pago por trabajo realizado.

En el sector que aquí nos ocupa, las bodas, a menudo nos encontramos con que ciertos proveedores nos piden fotografías de sus productos, ya sea floristería, catering, decoración, sin ninguna remuneración económica al respecto. Además en ocasiones siendo indispensable que las entreguemos en alta calidad y en un tiempo record.

Yo me pregunto, tuvo que haber un momento en el cual está práctica se hizo permisiva por parte de los fotógrafos y quizás haya desembocado en que ahora sea demasiado tarde para empezar a decir no. Pero es un ejercicio que debemos hacer, plantar cara y hacernos valorar. Si los novios pagan por nuestro trabajo, todo el circuito de alrededor debería hacerlo.

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©F2 Studio

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Se aprovechan de que hemos tomado imágenes de sus productos durante la boda para después tener un catálogo hecho por nosotros y así evitar los costes de tener que pagar a otro fotógrafo por un trabajo de estudio. Pero veamos, ¿qué nos reportaría entregar ese material? ¿qué tendríamos a cambio? ¿publicidad? Porque dudo mucho que de ahí nos salgan después muchos contratos. Esa falsa idea de colaboración, esa moto vendida donde más de uno hemos caído alguna vez, sabemos que no nos lleva a ningún puerto.

No sé cuáles serán vuestras experiencias al respecto, desde aquí animamos a los fotógrafos de bodas a hacerse valorar, a decir no a tiempo, a darle la vuelta y venderles un producto de calidad específico, sosegado sin las prisas de una boda, pero remunerado. Nos gusta esta profesión, pero más allá del amor al arte, está la dignidad y la valía como profesional, no dejemos que siga pasando.

Gema Sanchez

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©Don Bringas

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©Don Bringas

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©Carles Figuerola

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CARTEL 02