El reportaje fotográfico es coetáneo al nacimiento de la fotografía. Incluso gente no-profesional, ajena al medio, puede recordar fotos como la del maestro Robert Capa durante la guerra civil española mostrando a un soldado en el instante de ser abatido por un disparo. Poco importa que recientemente se publicaran ciertos estudios que al parecer demuestran sin duda alguna la famosa instantánea puede tratarse de un montaje – una foto trucada cuya minuciosa preparación plasmó el instante de la muerte con tanta perfección… que durante décadas nadie se percató del truco. En realidad poco importa que la foto sea auténtica o falsa, porque su verdadero valor radica en su capacidad para transmitir un instante, una emoción, un trozo de tiempo humano congelado para siempre mediante el cual podemos rememorar nuestros valores, nuestra identidad, nuestra experiencia. Como nota personal, no deja de sorprenderme cuánto valor se le restaba en el debate que surgió en foros fotográficos a ese genial ejercicio artístico por el mero hecho de transmitir una emoción… de forma supuestamente “fraudulenta”, léase subjetiva, no-veraz, sesgada.

imagen cuestionada de ©Robert Capa

…Y sin embargo, eso es exactamente lo que ha ocurrido desde que el periodismo existe y nadie se rasga las vestiduras cuando se dice que la opinión vende, la noticia no. Subjetividad, interpretación, arte, creación, humanidad.
Aunque todos los elementos estaban ahí, es sorprendente que el periodismo, la publicidad, la fotografía y el hecho nupcial no se dieran la mano mucho antes. Ha tenido que ser la democratización total de la fotografía en la era digital la que esté dando un vuelco al sector. Solo cuando los hermanos, amigos y familiares han preferido sus costumbristas creaciones a las estiradas, ultra-posadas y humanamente ausentes fotografías clásicas de boda, algunos profesionales del medio empezaron a cambiar. Y por cierto, vamos en desventaja con respecto a nuestros propios clientes, quienes sacan a relucir su creatividad tan natural y directa, como gratuita. Nuestros propios clientes nos comen el mercado e invaden un espacio que –en nuestra soberbia- reclamábamos como propio por siempre jamás al igual que hace la industria musical o cinematográfica ante las descargas ilegales. ¡Estamos perdidos! ¿Lo estamos realmente? Yo creo que no.

El fotógrafo de bodas tiene muchísima ventaja con respecto a sus supuestos competidores –familiares y amigos con cámaras ya no tan rudimentarias, produciendo el material gráfico de la boda gratuitamente- y una sola desventaja: su perspectiva mental de lo que realmente están vendiendo. Resumiré esas ventajas en siete pilares (más uno) fundamentales a la hora de concebir un buen fotoreportaje de bodas.

Posición mental

El fotógrafo es consciente de su creación artística. Sabe que su objetivo primordial es cazar (o crear) emociones y plasmarlas en una obra pequeña, pero muy cargada de todos los principios que mentalmente han sido aceptados por la sociedad a través de la publicidad, el periodismo, los documentales, el arte… Cada foto es un pequeño homenaje a lo que hoy el ser humano dice ser – en positivo, claro está.
En una profesión tan denostada socialmente como ser fotógrafo de bodas, el fotoperiodista de bodas posee por defecto una PASIÓN por su trabajo que, simplemente, no existe en el resto de miradas que fotografían la misma escena.

©Jordi Farres miembro de Unionwep.

©Jordi Farres miembro de Unionwep.

Técnica
El fotógrafo de bodas no solo domina las leyes de la composición, de la profundidad de campo o las decenas de micro-funciones que las cámaras réflex ofrecen hoy en día, sino que sabe que todas ellas están supeditadas a su voluntad de CREAR un instante más que en recoger lo que allí ocurre al viejo estilo del apunta-y-dispara. Es el ojo fotográfico en plena acción. El profesional cuenta por tanto con más armas que el amateur –eso es obvio-, pero una de ellas es letal: su intención como parte intrínseca de su técnica.

©Daniel Colleman. Miembro de Unionwep

Material
Es cierto que el dinero no da la felicidad, pero ayuda. La inversión de un fotógrafo de bodas en material puede llegar tranquilamente a superar los 12.000 euros entre cámaras, lentes y luces – y eso al final se nota. No quizás en cada foto, pero sí en el porcentaje de instantáneas con magia que al final llegan al álbum. El buen buqué de un Nikkor 70-200 2.8, el uso de grandes angulares para las panorámicas de estudio, pocket wizzards y mini-sets de flashes de mano para iluminar contraluces… el material profesional nos permite crear más situaciones, estresar el instante, crear momentos inexistentes para el ojo humano, para la cámara amateur.

 

©Ais fotógrafos. Miembros de unionwep

Perspectiva
La libertad de escoger cualquier personaje de la escena y convertirlo en protagonista. O cualquier elemento de la misma. Nuestra posición mental orientada hacia la Creación nos habilita para buscar la magia allá donde se encuentre, no solo en donde se supone que se va a encontrar. Salimos de nuestro círculo de comodidad con valentía y excitación. Nuestra equidistancia emocional hacia los presentes nos permite además interactuar con todos los presentes; en el otro lado, los fotógrafos-invitados suelen buscar escenas entre sus conocidos, en situaciones donde su técnica les hace sentir cómodos. Dicho de otro modo, su alcance es mucho menor.
Su única ventaja: la compenetración emocional pre-existente con su círculo de gente querida. El antídoto: una buena dosis de proactividad verbal, un poco de psicología humana y unas capacidades de relaciones públicas fácilmente adquiribles por el profesional. Una vez desplegadas, la posición social del fotoperiodista podrá sacar mucho más de cualquier persona de lo que es capaz de hacer nuestra supuesta competencia interna.

©Paraisos Artificiales miembro de Unionwep

©Paraisos Artificiales miembro de Unionwep

Ubicuidad
Paralelamente a la perspectiva emocional, el fotoperiodista tiene una licencia de movimiento prácticamente ilimitada: escenas cenitales (iglesia), intrusiones en la intimidad (preparativos), reportajes ad hoc (pre-boda), aislamiento de personajes (retrato), etc. Un invitado no se puede comportar así. Es más: somos capaces de aislar al personaje, llevarlo a otro lugar y hacerlo posar para dar rienda suelta al sentimiento aspiracional de salir guapos que todo el mundo lleva dentro.

www.pablobeglez.com

©Pablo Beglez. Fotógrafo Revelacion Unionwep 2012

Composición
No solo mientras se dispara, sino después de disparar. El concepto de laboratorio digital no existe en la fotografía amateur, y menos en una celebración. La foto es la partitura, y el laboratorio es la interpretación de esa melodía, dicen. El espíritu de las personas no está en la infinidad de impurezas que casi siempre existen en un momento dado, muchas de ellas fácilmente editables en un breve (o no tan breve) ejercicio de laboratorio.

Casadisimos fotografo de bodas unionwep

Luz
Y por último, la consciencia de la luz. La que existe, la que no existe, la que creamos o podemos eliminar. Luz como creadora de realidad fotográfica más allá de asumir las situaciones lumínicas existentes en el momento de la instantánea. Técnicas á la strobist [el uso de flashes de mano fuera de la cámara para crear rápidos mini-sets en la escena] nos permiten moldear o crear realidades que están fuera del alcance de las cámaras automáticas al uso.

fotografo de bodas especiales. unionwep

©XABIER LOPEZ

…y Marketing Personal
Las técnicas de mercadotecnia más actuales no se basan en una mayor exposición de nuestro trabajo para provocar una mayor demanda, sino en saber escoger qué tipos de clientes son los que están dispuestos a pagar por nuestro trabajo… y descartar al resto de potenciales. Clásicamente, los fotógrafos de bodas han sufrido del mismo mal que otras profesiones liberales: no saber exponer su Valor diferencial, su propuesta única de venta. Personalmente considero que es ésta -y no otra- la causa por la cual la profesión sufre de un supuesto “intrusismo” que con toda probabilidad irá en aumento. El cliente no es tonto: si encuentro el mismo producto -mejor dicho: el mismo Valor- por menos precio, lo compraré.

El fotógrafo de bodas es conciente de que su trabajo no será aceptado por gran parte del mercado. Se centra más en imprimir una marca personal a su trabajo; obviamente, siempre hay mucho margen de maniobra para personalizar el resultado al deseo de los novios, pero somos conscientes de que la propia selección previa del profesional encargado de cubrir tan íntimo evento dejará cualquier petición dentro del ámbito, el estilo del fotógrafo escogido por su trabajo. Esto se incumple –obviamente- en los fotógrafos impuestos por la propia iglesia/ayuntamiento, puesto que dicha selección es forzada, y no fruto de la conexión entre cliente (novios) y proveedor (fotógrafo).

©Luis Masyebra. Miembro de Unionwep

UnionWep es el sello de calidad de los fotógrafos de bodas y nació precisamente siendo consciente de todas estas diferencias, pero quizás sea ésta última (la capacidad de generar Marketing Personal con nuestro propio trabajo) la que más pesa a la hora de formar parte de Unionwep. Es por eso por lo que somos conscientes de que si los novios buscan algo diferente, será difícil que salgan de Unionwep sin un fotógrafo de su agrado.

Luis Masyebra, miembro de Unionwep.