no se roba

¿Puedo compartir fotografías o vídeos de un profesional?

Todos necesitamos publicitar nuestro trabajo y la mejor forma de hacerlo es de manera visual.

Los profesionales del sector nupcial lo saben y por eso diseñadores, decoradores, estilitas, restaurantes o wedding planners se mueven por las redes sociales publicando fotografías de sus productos o servicios. ¿Cómo se consiguen las imágenes? La primera opción es contratar a un profesional para obtener un servicio de calidad. Otra opción es hacerlas uno mismo. Hasta aquí todo bien.

El problema viene cuando queremos tener imágenes de calidad profesional pero no queremos pagar por ello.

La opción recurrente para conseguir imágenes profesionales sin costes es utilizar el trabajo que han realizado los fotógrafos y videógrafos que cubrieron la boda, lo cual no es lícito si no se realiza de la manera correcta. Los fotógrafos publican una selección de imágenes de la boda en sus redes sociales o webs, entre las que suelen encontrarse detalles tanto del vestido de la novia como de los complementos, el maquillaje o la peluquería. Los proveedores comparten de forma gratuita las fotografías en las que aparecen sus productos para publicitarse.

©Fernando Baños

©Fernando Baños

En el caso del vídeo ocurre exactamente del mismo modo. Por las redes sociales cualquier persona puede fácilmente compartir un vídeo desde alguna de las plataformas de contenido audiovisual. Es habitual que los restaurantes, hoteles, catering o DJ utilicen los trabajos realizados por los videógrafos para promocionar su trabajo. Esto supone que, además de ahorrar costes, tienen provisiones constantes de fotografías y vídeos profesionales para actualizar sus perfiles.

Aunque parezca algo normal, lo cierto es que no se pueden utilizar libremente las imágenes obtenidas de internet. La Ley de Propiedad Intelectual protege los derechos de autoría de las obras y, en lo que nos atañe, protege los derechos de autoría de las fotografías y de los vídeos.

Por lo tanto, es posible que si un proveedor hace un uso indebido de las obras tenga que responder ante el autor de las mismas.

Cuándo se hace mal 

Aunque el trabajo se realice para un cliente, esto no significa que los novios tengan todos los derechos de las obras. La gestión de los derechos se establece en cada contrato y el profesional sigue siendo el autor en cualquiera de los casos. Esta aclaración nos lleva a que no es suficiente que el proveedor solicite a los novios el permiso para compartir las imágenes, probablemente ellos no tendrán los derechos de distribución o exhibición de las mismas.

Por lo tanto, se hace mal cuándo:

– No se solicita al autor el permiso para utilizar su obra.

– Se publica pensando que el autor lo tiene que agradecer porque le da publicidad.

– No se menciona quién es el autor.

– Se manipula la imagen.

– Se quita el logotipo del autor.

En el caso de que se haga un uso indebido de las obras, los autores de las mismas pueden solicitar la retirada de las imágenes y, en caso de que esto no se realice, tomar medidas legales para tal efecto. Podrán incluso solicitar una indemnización por la utilización de su obra con fines comerciales.

©Daniel Alonso

©Daniel Alonso

Cuándo se hace bien 

En primer lugar, el proveedor debe ser consciente de que está utilizando para su beneficio una imagen de la cual no es propietario ni autor, por lo que es el fotógrafo o videógrafo el que decide si permite que se utilice. En segundo lugar, hay que seguir unos pasos a la hora de compartir las imágenes:

– Solicitar el permiso al autor de la obra.

– Especificar al autor el uso que se pretende hacer de la misma.

– Nombrar al autor y etiquetar a la empresa para que cualquier persona pueda acceder directamente a su web o perfil.

– No manipular la imagen de ningún modo.

La Ley de propiedad intelectual protege al autor de la imagen por el hecho de su creación.

Además, las obras de los fotógrafos profesionales de bodas entran en la categoría de “obra fotográfica o diseño” y, como explica el abogado especializado en derecho digital Nando Olcina, su protección durará toda la vida del autor y setenta años más desde la muerte del mismo.

En definitiva, es una cuestión puramente de compañerismo y respecto profesional. No cuesta nada pedir permiso y citar a un compañero antes de utilizar su trabajo.

Por Alba Marín (MR Filmmakers)



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