THE MAGICAL ROOM #01 | Hola, me llamo Javier Mariscal Ariza, aunque mi nombre es lo de menos. Llevo ya varios años haciendo reportaje social y contando las historias que hay detrás de cada boda. Llevo todo ese tiempo buscando la manera de contar que hay dentro de mí, y asumiendo que existen tantas historias como personas con ganas de contarlas.
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Pero a mí me han invitado para contar la mía. Insisto. Me llamo Javi y soy fotógrafo. Tengo formación periodística. Escribo canciones. Las canto. Me gusta la Martirio, Jim Jarmusch y darle besos a mis sobrinos. Así que, evidentemente, la manera tradicional de narrar un reportaje estándar a través de un número estándar de fotografías, maquetadas o no en un álbum estándar, no encaja conmigo.

Me explico. Después de una relación intensa con cada una de las parejas con las que he tenido el placer de tropezarme, siempre he vuelto a casa con la sensación de que debía encontrar la manera de contar mil y una sensaciones que ni con un millón de imágenes iba a ser capaz de transmitir. No digo yo que todos los que me leéis, tengáis ese mismo dilema. Pero lo único que he intentado en los tres párrafos que ya he escrito, y que intentaré en los cinco que aún me quedan por delante, será invitaros a que vosotros resolváis esa lucha entre lo que somos y lo que nos gustaría ser.

Llegado el día, rebusqué en mi propio equipo, y me di cuenta de que, con lo que ya contaba, podría abrir el círculo. Y abrir el círculo significaba utilizar fotografías, pero también vídeo y sobre todo audio, en la búsqueda de mi historia perfecta. Podía llenar algunos huecos con el sonido del mar y del viento, con la voz de alguien que hablara de sentimientos, de la paz o la angustia que se encierra detrás de un día tan especial y complejo, por ejemplo, como el de una boda. Podía incluso sentirme satisfecho, porque ya no existían límites entre lo que yo había vivido, y lo que podría llegar a contar.

Ahora

Y ahora, hablemos del presente y del futuro. ¿Queréis buscar vuestra propia manera de contar? ¿Es necesario? Los fotógrafos y videógrafos de bodas estamos preparados y poseemos los medios suficientes como para contar historias reales. Historias complejas y plagadas de matices. Podemos hacerlo como queramos, pero debemos hacerlo ahora. Ahora que tenemos que demostrar que nos sobreponemos a cada adversidad, a un mercado difícil, donde hoy más que nunca existe un nivel más que aceptable, pero en el que el factor precio ha entrado con fuerza en la lucha por ese premio tan mundano que significa salir adelante. Yo estoy tratando de vivir aquí y ahora. Y si estoy tranquilo es porque he encontrado mi manera de contar. Y mi manera de contar es ésta. Mi presente. Mi futuro. Señoras y señores. Con todos ustedes. Las bodas multimedia.

Pero. Esa palabra tan disparatada. Pero sí. Pero no. Pero esa manera es mi manera. Pero todavía estoy experimentando, tratando de salir de mi zona de confort y lanzarme de lleno a un nuevo mundo que me tiene hipermotivado, ilusionado, feliz. Y es por eso que os invito a que reflexionéis sobre adónde queréis llegar, si estáis satisfechos con esta profesión nuestra tan absorbente, con el dolor de espalda, con la eterna incertidumbre del éxito o el fracaso, con esa espiral que nos conduce a la eterna e insatisfactoria sensación de que probablemente en un tiempo no muy lejano nos terminemos aburriendo con algo que antes nos divertía.

Para terminar, en el siguiente (y último) párrafo hablaré de qué me funciona a mí para conseguir evitar ese tipo de agonías, aunque no siempre lo consiga. En realidad, tropezarse es simplemente el primer paso hacia el siguiente tropiezo, así que es mejor no temer a nada ni a nadie, y rodearse de personas que, al igual que nosotros, estén en esa búsqueda del equilibrio entre tener algo que decir, y decirlo.

Tu historia

Es sencillo. Simplemente intento pensar las cosas que me hacen feliz, y trato de hacerlas al menos una vez a la semana. Veo películas que me hacen pensar. Escucho música que me conmueve. Como entre horas. No me preocupo en exceso por mi profesión, e intento discriminar las cosas importantes de las que no tienen importancia. Leo libros que me divierten y me hacen sentir vivo. Si en la página número veinte todavía no me he divertido, busco otro. Y con esa sensación, intento casi cada día pasar un tiempo con mis sobrinos. No tengo miedo del miedo. Evito la necesidad casi permanente de que alguien me dé una palmadita en la espalda, y lo hago pensando cada noche si cada día he hecho yo, para mí, las cosas bien. Doy cientos de abrazos por semana, bebo cervezas con los amigos, saco tiempo para la familia y me preocupo más que por hacer fotografías bonitas, por vivir la vida intensamente. Compartir. Jugar. Arriesgar e incluso equivocarme. Y buscar el camino más corto hacia la felicidad. Porque lo que persigue el banquero, el funambulista e incluso el fotógrafo de bodas es ser feliz. No lo olvidemos. Ese es el verdadero premio. Y el fotógrafo que es feliz, al igual que le pasa al funambulista y al banquero, puede gritar todo el rato: “No sé si voy por el camino correcto. De verdad. Pero al menos es mi camino”.

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