Siempre he tenido muy claro que la DSLR tenía que quedar relegada a los trabajos de corte profesional y todos los dispositivos como smartphones, híbridas y compactas avanzadas (y no avanzadas) podrían usarse como recursos meramente creativos o en todo caso como complemento a nuestra cámara réflex.

andres parro

Centrándonos en los smartphones, el incoveniente viene dado por la calidad final a la hora de imprimir, un incoveniente que sólo se solventa, en gran medida, si se trabaja con móviles más avanzados como iPhone, Galaxy S4 y superiores o, por ejemplo, los últimos modelos de Nokia Lumia. Por experiencia, conociendo la obra de Rodrigo Rivas, que imprime sus fotos hechas con móvil para exposición a tamaño 20×30 cm., sabemos que siguiendo una serie de pautas como no utilizar recortes, saber exponer así como utilizar aplicaciones tan solventes como Snapseed, los resultados pueden ser satisfactorios.

Por tanto observamos aquí un problema, no todos los smartphones pueden ofrecernos una calidad técnica para llevar a cabo resultados finales óptimos en impresión en los books. Dicho esto y dejando la técnica a un lado, vayamos al terreno creativo para hacernos la pregunta: ¿se pueden hacer reportajes de boda con un smartphone?

La respuesta es afirmativa, aunque a medias, poder se puede y es absolutamente viable. Viendo el trabajo de Andrés Parro sobre un reportaje de boda realizado en Nueva York, donde utilizó un Galaxy SIII, nos reafirmamos en que la mirada del fotógrafo prima por encima del dispositivo que esté usando. Viendo sus fotografías, a priori y sin entrar en singularidades como ruido y zonas sobreexpuestas, pocos se preguntarían si están hechas con un smatphone o con una cámara profesional. ¿Por qué? Porque las composiciones, los acabados y el patrón por el que se rige vienen a ser muy similares al que utiliza cuando trabaja con su cámara habitual. (Este reportaje de Parro fue realizado a modo experimenta y no final, el trabajo final fue realizado con dos cuerpos Canon 5D MKII)

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Ponemos otro ejemplo, esta vez una boda realizada íntegramente con un iPhone4. El fotógrafo Brian Adams marcó un referente con unas fotografías, como podemos ver en el vídeo, que de nuevo compositivamente y envueltas en ese halo de reportaje, podrían pasar, en pantalla y vistas desde el vídeo sin detenernos demasiado en alguna que otra aberración, por instantáneas tomadas con una cámara más profesional.

Indudablemente para realizar un buen reportaje, y no digo ya reportaje sino una simple imagen, lo primordial al usar un dispositivo móvil es tener conocimientos de fotografía. Es saber sobre exposición, sobre composición, sobre enfoque y sobre cómo suplir alguna carencia mediante una edición efectiva por medio de una aplicación. En definitiva, saber lo que estamos haciendo y conocer las limitaciones, y también las virtudes por supuesto, que nuestro smartphone pueda tener.

La creatividad no tiene límites siempre y cuando esté dentro de los márgenes que nuestro cliente y nosotros mismos como fotógrafos queramos plantearnos. Está claro que siendo conscientes de lo que un smartphone nos puede proporcionar, somos muy libres de querer usarlo o no como única herramienta o, sin embargo, usarlo como apoyo, del mismo modo que Helmut Newton usaba las polaroids como bocetos. El fin es el que justifica los medios y, por tanto, será el único que le pondrá límites a nuestro uso o no de un smartphone en la fotografía de bodas.

Gema Sanchez